domingo, 25 de marzo de 2012

El celeste de Castilleja de la Cuesta

En la paleta cromática, aunque en el arco iris no tenga fiel reflejo, no existe un solo tipo de azul. Azules hay, nada menos que ciento once diferentes, según han sido capaces de documentar los expertos. Uno de ellos es nuestro símbolo.
Psicológicamente hablando, significa armonía, simpatía y fidelidad. Es ordenado, sosegado y serio. Es elegante, por eso, protocolariamente, con traje de este color hay que asistir a la gran mayoría de actos. En el vestuario de los gentleman británicos, paradigma de la categoría en el vestir, nunca falta un terno negro, otro gris y otro... azul. Y, el uniforme de gala de la marina ¿de qué color es?
El cielo es celeste y por eso, es el color divino y así se pintan las bóvedas de los lugares sagrados. No solo en nuestra religión: en la Torá, el cielo es el trono de Yahvé y consiste en un zafiro. Por eso, actualmente, la bandera de Israel, patria de los judíos y Jesús de Nazaret lo era, es blanca con una estrella de David... azul. En otras culturas, las máscaras de los faraones egipcios eran azules; el lapizlazuli, su piedra sagrada lo es, e, incluso, Amon, tiene la piel de este color para volar sin ser visto. El hindú Visnú, Khrisna en forma humana, es azul y Rama, igual. Eso sin hablar de la Antigua Roma, que en época de Cristo, tenía a Júpiter, Dios de los cielos y cuyo reino era... azul.
En el rito nupcial inglés, hay que llevar algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo... azul.
En 1858, a Bernardette Soubirous en Lourdes -según afirmó esta niña de catorce años- se le apareció la Virgen María, concretamente vestida de celeste y con una capa blanca.
El Papa Gregorio Magno, antes de fallecer en el 604, promulgó la Ley Suprema de la pintura cristiana. Así, como Diosa celestial, la Virgen aparece en azul ultramarino y con media luna. Como Madre dolorosa, viste de un azul profundo, muy oscuro y cuando lleva manto, este tiene que ser azul, tan grande como sea posible, para extenderse sobre los fieles y ampararlos. Iconografía que respeta fielmente nuestra Hermandad.
Desde el siglo XIII, los mantos de coronación de los Reyes franceses -y nuestros Borbones lo son originariamente- son azules y, en la corte de Luis XIV, vestir un jubón azul bordado de oro y plata, era una concesión especial del mismo Rey, la más preciada, hasta el punto de conocerse ese azul, como el azul real. Aún hoy, pervive una expresión que es, tener sangre azul, que se relaciona con ser de la nobleza.
La tierra es el planeta azul desde que existen fotografías desde el espacio. Las flores que simbolizan la fidelidad -la del cardo, la de la madreselva, la de la verónica y el nomeolvides- .
En Sevilla, tenemos desde el azul Velazquez al azul Murillo, que se especializó en pintar Inmaculadas. Desde el azul Carretería al azul Baratillo. Desde el azul San Esteban al azul Hiniesta.
Y, en otros ámbitos, Deep Blue, la primera computadora que venció a un Gran Maestro de Ajedrez, podía traducirse como "Profunda Azul"; Levi Strauss, inventor de los vaqueros en 1850, los tiñó de azul y, España, se tuvo que vestir de azul para ser Campeona del Mundo de Fútbol en Sudáfrica.
Pero a mi, que quieren que les diga, el azul que más me gusta, el que me parece más original, el más auténtico, es nuestro celeste: el del paraguas de Reyita que sale no cuando llueve sino en Verano, el de los chalecos de Carmela Goncet cuando la graba Canarsú, el de los bocadillos de la Vuelta, el del carro, el de las letras de las bolsas de las Barberas, el de los papelillos, el de los palos y el de las banderas, el de los antifaces de la Virgen, el de los músicos de la Banda, el de los pañuelos de las mujeres del Coro Clásico, el de las corbatas de Narciso cuando sale la Patrona, el de los peroles de las buñoleras, el de los ojos de las amazonas, el de las sudaderas de los costaleros, el de los lunares de los trajes de flamenca, el de la ropa de los niños que se presentan a la Virgen en la Pureza, el de los pasaportes que tienen visado gratuito para ir al arte y al señorío, el de los que somos poquitos pero muy nuestros, el del orgullo, el de la clase, el de los chorreones, el Celeste de la Calle Real. El color de Castilleja de la Cuesta. Se pongan como se pongan y se metan donde se metan.